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Mi sueño sudamericano

Es difícil encerrar en palabras los sentimientos, las emociones, las experiencias. Parece que ninguna alcanza para explicar con precisión lo que fluye por dentro de nuestro corazón en cada momento. Y en las vueltas que la calesita de la vida me ha obligado a transitar, algunos detalles importantes he aprendido: que los triunfos no se construyen en soledad y que se multiplican porque pertenecen a muchas almas que de una u otra manera, pelean, sufren y disfrutan con uno.

Si me permiten dedicar mis medallas, creo que nadie se enoja si se las dedico a lo único de verdadero valor que poseo: mi hija Giovanna. En su impresionante lucidez y picardía, ella me hace sentir una “verdadera campeona” en el día a día de la vida.

Y para agradecer, bueno, muchos gracias tiene mi pluma en el tintero.

GRACIAS, en primer lugar, a mis padres Verónica y José, quienes con su amor desinteresado permitieron que tuviera tiempo para trabajar, estudiar y nadar, nado que luego se convirtiera en un fanatismo retroalimentado por mi loco compañerito de nado: Mauro “sacate el pasaporte” Charvey.

GRACIAS a mis hermanos, y eso incluye a Julia y a Cristian, por su apoyo y su amor, en las buenas y en las malas.

GRACIAS a mis amigos de “siempre” por estar, a pesar del tiempo y las distancias. Y GRACIAS a mis amigos de natación, “los de antes y los de ahora” (aunque parece que se están fusionando en la actualidad!!), por hacerme sentir todos los días querida. Cada palabra, cada gesto, cada momento compartido, me recuerda todos los días por qué amo la natación: por la calidad humana de quienes la practican.

GRACIAS a la pile de Eche, y a todos los que a través de ella participan de mi vida, compañeros, alumnos, los chicos del plantel y sus familias.

GRACIAS a mis compañeros de ruta por el increíble viaje que vivimos, lleno de risas, ocurrencias y emociones. A Bárbara, por soportar con serena paciencia mi tensión y nerviosismo, a los mendocinos Dolo y Andrés por su inacabable generosidad afectiva, a Melina, Alvaro, Laura, Fabiana, Leandro, a nuestras amigas “puaj el mate” chilenas y a todos aquellos (seguro me estoy olvidando de algún nombre) que le dieron color y alegría a mi sueño sudamericano.

Y GRACIAS socio, por obligarme a atreverme a soñar una vez más y transformar aquello que parecía inalcanzable, en 37 grados de calor reales sobre mi cuerpo en una piscina olímpica en Margarita. GRACIAS por luchar y compartir conmigo cada brazada, allí cuando entrenamos, y allí cuando competimos. Porque después de 11 carreras y 6 medallas, me atrevo a asegurar que hay algo que cae como el “coco” de maduro: que este equipo era mucho, mucho más que dos…, dos locos que un día se dejaron embriagar por la pasión del agua en sus cinco sentidos…
Lorena